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ANDANDO EN SU CAMINO

  • 16 dic 2025
  • 5 Min. de lectura

Al escuchar que la única forma en la vida es el cambio, vemos que es verdad; todo cambia y siempre está cambiando, aunque la realidad nos dice, como lo menciona el predicador: “no hay nada nuevo debajo del sol”, pero si es diferente, así como la historia se mantiene en constante cambio.

 

En la Iglesia de Dios, sucede algo similar, que es siempre la misma y es única; sin embargo, en estos tiempos cambiantes, se le exige ser y vivir de manera pía y seguir predicando el mensaje en medio de estos tiempos que nos tocó vivir.

 

Es así como que a cada generación le corresponde tomar la decisión de andar en el camino de Dios, al mismo tiempo ver lo que representa.

 

El camino del Señor es uno, no hay otro; pero andar en él, incluye el desafío de aplicar el evangelio en esta época de cambios, de lo contrario corremos el riesgo de extraviarnos.

 

Como le sucedió al pueblo de Israel, que es ejemplo de ese extravío. Lamentablemente, el pueblo elegido no lo podemos imitar ya que debemos evitar si queremos seguir andando en el camino del Señor.

 

Ya que esta valoración la hacemos con temor y temblor, cuidando como iglesia, de no caer en una actitud de soberbia.

El pueblo de Israel tuvo muchas oportunidades de experimentar las bendiciones de las promesas hechas por Dios; sin embargo, falló en sus decisiones pues no supo distinguir los tiempos y los desafíos a los que se enfrentaron. 

 

Un ejemplo claro lo tenemos cuando Josué le habla al pueblo, lo vemos en el capítulo 24 del libro de Josué.

Para comprender de lo ocurrido, necesitamos recordar que el pueblo estaba por iniciar un cambio en su manera de vivir, donde irían de un lugar a otro a una vida fija y estable.

Donde pasarán a la dependencia absoluta de Dios que los acompañó a disfrutar del fruto de su esfuerzo mediante el trabajo de la tierra, la crianza de ganado y el comercio, donde los grandes prodigios de Dios y las hazañas del pueblo darían paso a una nueva experiencia. 

Ante esta realidad, Josué, como buen pastor de Israel, les ofrece tres claves para andar en el camino de Dios, mismas que Israel decidió ignorar, pero que si las hubieran considerado les habría ido bien y su camino con Dios hubiera prosperado.

“Decidan a quién sirven, a Jehová o los ídolos.” Josué 24:15.


El primer desafío de Josué consistió en renunciar a los ídolos para consagrarse de manera única en el servicio y la adoración a Dios. Además, el pueblo abandonó la práctica de hacerse o fabricarse ídolos, no portaban imágenes ni esculturas. 

Sin embargo, Josué tenía una visión diferente acerca de lo que es la idolatría, pues cuando miraba la idolatría decía que era un peligro, porque se vive creyendo que es una verdad.

El problema no eran los ídolos hechos de diferentes materiales, sino los que se llevan en el corazón, los invisibles, los intangibles, los que no tienen forma, los ídolos que se ocultan, estos son los ídolos más peligrosos.

El pueblo de Israel acababa de poseer una tierra en la que habitaban pueblos que tenían ídolos, y al convivir con ellos, se veía seducido al encontrar en ellos lo que reflejaba y llevaba en el corazón.


El error del pueblo Israel fue que no notaran la diferencia y se confiaron en creer que ellos no tenían ídolos, pero al paso del tiempo su idolatría se vio y no tardaron en manifestarla.

El segundo desafío fue cuando Josué se presentó delante del pueblo, hablándoles de que, si escogían servir a otros dioses, entonces fue cuando les dijo que yo y mi casa serviremos a Jehová”. Vemos que su vida se mantuvo fiel, su esfuerzo fue constante, manteniendo su propósito en la promesa. Como lo vemos en Josué 24:15.

Josué es un ejemplo desinteresado en el servicio, es el hombre que entiende que los mandatos de Dios no son para una persona sino para todos. Su casa, en ese contexto no es solo su familia, son todos aquellos que llevan su mismo sentir.

Lamentablemente el pueblo Israel no le dio importancia a este desafío. En el capítulo 2 de Jueces, nos encontramos ante la segunda tragedia del pueblo: murió Josué y toda en aquella generación, ya que después de esto se levantó una nueva generación que no conoció a Jehová ni la obra que había hecho. 

 

Lo vemos en el libro de los Jueces 2:9-10. Y nos preguntaremos ¿Cómo es que una generación no logró trasmitirle la fe a la siguiente generación?

 

Hoy la iglesia no verá el maná llover del cielo, no verá codornices venir con el viento, no verán salir agua de la roca ni les acompañará una columna de fuego por las noches.

Ya no esperarán a que la nube se mueva para ir tras de ella; ahora las nubes viajarán y de ellas esperarán la lluvia, su techo no será el cielo sino el de una casa adornada, construida con ladrillos y piedra.

Ahora la vida consiste en trabajar, fructificar y descansar por las tardes en el patio o la sala de su casa. ¿Cómo será la experiencia con Dios ahora? ¿Qué nuevos desafíos para la fe le traerá a la iglesia este cambio?

La Iglesia ha corrido el mismo riesgo a lo largo de su historia y en la actualidad. La Biblia está llena de advertencias contra la idolatría, el cual hace hincapié en ello. Los ídolos están presentes y se hacen fuertes; ya que muchos viven seducidos ante ellos.

 

El poder creado por el ser humano, se convierte en su amo, le exige sacrificios, los somete a su voluntad, lo deshumaniza y le lleva a realizar actos pecaminosos.

 

Por eso lo material, el dinero, el mercado, la violencia, la belleza o el estatus social, pueden ser ídolos. Hoy se idolatra a personalidades, al placer, a un deportista, y muchos otros. Así, manifiestan tener apariencia de bien o de piedad hasta que los convierten en ídolos.

 

Renunciemos a ellos y decidamos servir a Dios, el creador de la vida, sólo así podremos andar en su camino.

La Iglesia hoy, no debe pensar en la realización de los proyectos de Dios, sin que estén incluidos nuestros hermanos, ya que nuestra familia, necesita concentrar sus energías en trabajar, para ganar la siguiente generación para el Señor.

Jóvenes, y adolescentes, encaminando a los niños invirtiendo esfuerzo y recursos en proveer para Dios, una generación nueva que le amen con todo su corazón.

Y el desafío es de enseñarles la sana doctrina a las nuevas generaciones, enseñándoles cómo caminar con Dios, buscando las sendas antiguas.

Siendo instrumento que Dios utilice para ganar a las nuevas generaciones, trasmitiéndoles de manera fiel de andar en el camino de Dios.


El tercer desafío de Josué es una explicación de la salvación por gracia mediante la fe. Josué presentó sus desafíos ante el pueblo, y ellos con buena intención respondieron a Josué con gran decisión: “…No, antes a Jehová serviremos…y a su voz obedeceremos”. Lo leemos en el libro de Josué 24:21 y 24.

 

Aquella generación no era consciente de lo que implica ponerse a la altura de la voluntad de Dios. Ustedes no pueden, es una frase que debería llevar a las personas a abrir los ojos a la gracia de Dios.

 

El apóstol Pablo escribió en la epístola de Pablo a los Gálatas 3:24 nos dice que la ley fue nuestro ayo.

 

Andar en el camino de Dios es un desafío al decir: no puedo, ¡deseo, anhelo, quiero, pero no puedo! Es entonces cuando debemos dar lugar a su gracia, porque donde no podemos, el Señor hace prodigios; allí, donde somos débiles el Señor es fuerte y perfecciona su poder en nosotros.

 

Y ante estos desafíos, nosotros, desde la fe en Cristo Jesús necesitamos responder: Señor, andaremos en tu camino no lo haremos solos sino en la comunión con nuestros hermanos, en la unidad de la Iglesia y en compañía de nuestra familia. Experimentemos la fuerza de su Espíritu y la bendición de andar en su camino.



Dios te Bendiga!!

 
 
 

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