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¿TIENES ESPACIO PARA DIOS?

  • 6 feb
  • 6 Min. de lectura

Hoy quiero que reflexionemos juntos sobre una pregunta sencilla, pero profunda; una pregunta que nos confronta con la realidad de nuestra vida diaria: ¿Tienes espacio para Dios?


Vivimos en un mundo acelerado, un mundo que compite ferozmente por nuestra atención. Las notificaciones de nuestros teléfonos, la demanda diaria del trabajo, las responsabilidades familiares, los afanes de la vida… todo clama por un pedazo de nuestro tiempo, de nuestra energía, de nuestro corazón. Y en medio de este torbellino, es fácil, peligrosamente fácil, que Aquel que nos dio la vida, Aquel que nos amó hasta el extremo, quede relegado a un rincón, a un espacio sobrante, si es que acaso lo hay.

La Palabra de Dios nos enseña una verdad fundamental: Dios no es un ser distante y ajeno. Desde el Génesis, vemos a Dios paseándose en el huerto del Edén, buscando la comunión con Adán y Eva (Génesis 3:8). A lo largo de la historia, Dios ha manifestado su deseo de habitar entre su pueblo: en el tabernáculo en el desierto, en el templo de Jerusalén.

Y la culminación de esta revelación es Jesucristo. En Juan 1:14 leemos: "Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad." ¡Qué maravilla! El Dios Todopoderoso, el Creador del universo, eligió hacerse hombre, vivir entre nosotros, para que pudiéramos conocerle y tener acceso a Él.

Pero la pregunta persiste: si Dios desea habitar con nosotros, ¿le estamos ofreciendo un lugar digno en nuestras vidas? O, como le sucedió a la posada en Belén, ¿le estamos diciendo: "No hay lugar para ti aquí"? Lucas 2:7.


En Apocalipsis 3:20, donde el Señor Jesús mismo dice: "He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo." Hermanos, ¡Cristo está a la puerta de nuestro corazón, de nuestro hogar, de nuestra agenda! Él no fuerza la entrada. Él llama. Él espera pacientemente a que le abramos.


¿Con Qué Llenamos Nuestros Espacios?


A menudo, el problema no es que no queramos a Dios en nuestras vidas. El problema es que nuestros "espacios" ya están ocupados.


Nuestra Mente: ¿Con qué pensamientos alimentamos nuestra mente? ¿Con las verdades eternas de la Palabra de Dios o con las preocupaciones pasajeras del mundo, con la ansiedad, con el entretenimiento vacío?.

Filipenses 4:8 nos exhorta: "Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad." Si nuestra mente está llena de lo terrenal, ¿cómo podrá haber espacio para meditar en Su ley, en Sus promesas, en Su carácter?


Nuestro Tiempo: ¿Cómo invertimos las 24 horas que Dios nos regala cada día? ¿Priorizamos momentos de oración, de lectura bíblica, de comunión, de servicio? o ¿nuestro tiempo es consumido por el trabajo excesivo, por las redes sociales, por pasatiempos que nos alejan de Su presencia?.

Efesios 5:15-16 nos advierte: "Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos." Aprovechar el tiempo significa redimirlo para los propósitos de Dios.


Nuestro Corazón: Este es el espacio más íntimo, el centro de nuestro ser. ¿Qué tesoros albergamos en él? Jesús dijo en Mateo 6:21: "Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón." Si nuestros tesoros son las posesiones materiales, el reconocimiento humano, los placeres fugaces, entonces nuestro corazón estará anclado a esas cosas. Pero si nuestro tesoro es Cristo, entonces nuestro corazón estará lleno de Él, y habrá un anhelo constante por Su presencia.


La Historia de Marta y María: Un Espejo para la Iglesia


Recordemos la historia de Marta y María en Lucas 10:38-42. Jesús visita su hogar. Marta, "se preocupaba con muchos quehaceres", ansiosa y afanada por servir, por atender. María, en cambio, "sentándose a los pies de Jesús, oía su palabra."

Jesús no reprendió a Marta por su deseo de servir. El servicio es vital en la vida cristiana. Pero sí le señaló su distracción, su ansiedad, el haber perdido de vista lo más importante. Le dijo: "Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. Pero sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada."

Hermanos, ¿Cuántas veces somos como Marta? Nos afanamos en las actividades de la iglesia, en nuestros ministerios, en nuestras responsabilidades… y son cosas buenas, ¡necesarias! Pero corremos el riesgo de perder la "buena parte": la comunión íntima con Jesús, el sentarnos a Sus pies para escuchar Su voz. Hacer espacio para Dios no es solo añadir una actividad más a nuestra agenda; es cultivar una relación.


Buscando el Reino Primero


La Palabra es clara en cuanto a nuestras prioridades. En Mateo 6:33, Jesús nos da una orden y una promesa: "Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas."

Buscar primeramente el Reino de Dios significa que Él debe ocupar el trono de nuestra vida. Significa que Sus preceptos, Sus valores, Su voluntad, deben guiar nuestras decisiones, nuestras ambiciones, nuestros planes. Cuando Dios tiene el primer lugar, todo lo demás encuentra su justo acomodo.


Hacer espacio para Dios implica:


1. Un Compromiso Deliberado: No sucederá por accidente. Requiere una decisión consciente de apartar tiempo y energía para Él. Como Daniel, que aún bajo amenaza de muerte, "tres veces al día se arrodillaba y oraba y daba gracias delante de su Dios, como lo solía hacer antes" Daniel 6:10.


2. Una Disciplina Constante: La oración, el estudio de la Palabra, la adoración congregacional y personal, no son opciones, son disciplinas espirituales esenciales que nos ayudan a mantener ese espacio abierto para Dios.


3. Un Sacrificio Gozoso: A veces, hacer espacio para Dios implicará renunciar a otras cosas que nos parecen importantes o placenteras. Pero el gozo de Su presencia, la paz que sobrepasa todo entendimiento, la sabiduría que viene de lo alto, son recompensas que superan con creces cualquier sacrificio. Como dijo el salmista en el Salmo 84:10 "Porque mejor es un día en tus atrios que mil fuera de ellos. Escogería antes estar a la puerta de la casa de mi Dios, Que habitar en las moradas de maldad."


Un Llamado a Cada Miembro de la Iglesia


A los jóvenes: En la vitalidad de vuestra juventud, con tantas opciones y caminos delante, ¿están haciendo espacio para Aquel que tiene los planes perfectos para vuestra vida? Jeremías 29:11. No dejen que el mundo ahogue la voz de Dios. Fundamenten su vida en Su Palabra.

A los adultos: En medio de las presiones del trabajo, la familia, las finanzas, ¿están encontrando refugio y dirección en la presencia de Dios? No permitan que el afán les robe la paz y la perspectiva que solo Él puede dar. Sean ejemplo de una vida centrada en Cristo.

caminada con el Señor, sigan atesorando Su presencia. Su testimonio de fidelidad y dependencia de Dios es un faro para las generaciones más jóvenes. Sigan intercediendo para que la iglesia siempre tenga espacio para Él.


A los nuevos creyentes: Han comenzado un camino maravilloso. Hagan del encuentro diario con Dios una prioridad desde el inicio. Establezcan hábitos espirituales que les permitan crecer fuertes en la fe y en el conocimiento de Aquel que les ha llamado.

A los que llevan mucho tiempo en la fe: Cuidado con la rutina. Cuidado con dar por sentada la presencia de Dios. Revitalicen su devoción. Busquen un nuevo encuentro con Él. ¿Sigue Él ocupando el primer lugar, o se ha convertido en una costumbre más?


La Decisión es Nuestra


La pregunta "¿Tienes espacio para Dios?" no es una acusación, sino una invitación amorosa de nuestro Padre celestial. Él anhela tener comunión con nosotros. Él anhela llenarnos con Su Espíritu, guiarnos con Su sabiduría, consolarnos con Su paz y usarnos para Sus propósitos eternos.

Pero el espacio debemos hacerlo nosotros. Él no va a irrumpir. Él llama a la puerta.

Llevemos esta pregunta en nuestro corazón. Examinemos honestamente nuestras vidas. ¿Dónde necesitamos despejar, ordenar, priorizar para hacer más espacio para Dios?

Que no se diga de nosotros que estuvimos demasiado ocupados para el Rey de reyes. Que no se diga que nuestros corazones estaban tan llenos de las cosas de este mundo que no hubo lugar para el Salvador.

Que nuestra oración sea como la del Salmo 139:23-24: "Examíname, oh, Dios, y conoce mi corazón; Pruébame y conoce mis pensamientos; Y ve si hay en mí camino de perversidad, Y guíame en el camino eterno."


Que el Señor nos dé la gracia y la sabiduría para hacer de Él el centro de nuestras vidas, el dueño de nuestros espacios, el anhelo más profundo de nuestro corazón. "Porque en Su presencia hay plenitud de gozo, y delicias a Su diestra para siempre" Salmo 16:11.


Abramos la puerta. Hagamos espacio para Dios.



Dios te Bendiga!!

 
 
 

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