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LA ARMADURA DE DIOS

14 sept
6 min de lectura

Hoy quiero hablar sobre algo que nos toca a todos, todos los días: cómo mantenernos firmes y con ánimo en nuestra vida de fe. El apóstol Pablo, un hombre que entendió muy bien las luchas de la vida, nos dejó un regalo increíble en su carta a los Efesios 6:10-20. Nos habla de una "armadura de Dios". Y no, no es una armadura literal de metal que nos vamos a poner, ¡sino algo mucho másimportante y necesario para el corazón y el espíritu!


¿Por qué necesitamos una "armadura"?

Efesios 6:10-13


Pablo empieza diciéndonos algo clave: "Por lo demás, hermanos míos, confortaos en el Señor, y en la potencia de su fortaleza." Efesios 6:10. Fíjense bien: la fuerza no viene de nosotros, de nuestros músculos o de nuestra inteligencia. Viene de Dios. Es como si nos dijera: "Oigan, para lo que viene, van a necesitar conectarse a la fuente de poder más grande que existe: ¡Dios mismo!"


Luego nos da la razón: "Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo." Efesios 6:11. "Asechanzas" suena a trampas, a engaños, a esas jugadas astutas que el enemigo espiritual usa para desanimarnos, para hacernos dudar, para dividirnos. No es una lucha contra el vecino, el jefe o el familiar difícil (aunque a veces lo parezca). Pablo lo aclara muy bien:

"Porque no tenemos lucha contra sangre y carne; sino contra principados, contra potestades, contra señores del mundo, gobernadores de estas tinieblas, contra malicias espirituales en los aires." Efesios 6:12


Esto es fuerte, ¿verdad? Nos dice que hay una realidad espiritual que no vemos con los ojos, donde hay fuerzas que no nos quieren bien. Por eso, la solución no es enojarnos más o discutir más fuerte con la gente. La solución es espiritual. Pablo insiste:


"Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y estar firmes, habiendo acabado todo." Efesios 6:13.


El "día malo" puede ser esa temporada difícil, esa prueba que nos sacude, o simplemente el desafío diario de vivir como Dios quiere en un mundo que muchas veces va en otra dirección. La meta es resistir, aguantar y, al final, seguir de pie.

Desempacando la Armadura: Pieza por Pieza Efesios 6:14-17

Ahora, Pablo nos describe esta armadura, usando la imagen de un soldado de su época, algo que sus lectores entendían muy bien. Pero cada pieza tiene un significado profundo para nosotros hoy:

 

 

El Cinto de la Verdad:

"Estad pues firmes, ceñidos vuestros lomos de verdad..."

Para el soldado: El cinturón lo era todo. Ajustaba su ropa, le daba libertad para moverse y de ahí colgaba su espada. Sin cinto, estaba incompleto.

Para nosotros: La "verdad" es, primero que nada, la verdad de Jesús, lo que la Biblia nos enseña sobre quién es Dios, quiénes somos nosotros y cómo es la vida que Él nos ofrece como dice Jesús en Juan 14:6: "Yo soy el camino, y la verdad, y la vida...". Pero también significa ser personas íntegras, honestas, sin máscaras. Cuando vivimos en la verdad, nos sentimos seguros, firmes. El engaño, en cambio, nos hace tropezar. Si la mentira es el juego del enemigo como dice Juan 8:44 que el diablo "es mentiroso, y padre de mentira", la verdad es nuestro primer gran escudo.


La Coraza de Justicia:

"...y vestidos de la cota de justicia..."

Para el soldado: La coraza le cubría el pecho, protegiendo órganos vitales como el corazón.

Para nosotros: Esta "justicia" tiene dos lados hermosos:

Primero, es la justicia que Cristo nos regala. Delante de Dios, somos justos no por ser perfectos, sino porque confiamos en Jesús y Él nos cubre con su perfección. Esto nos protege de la culpa y la acusación como leemos en Romanos 3:22: "La justicia de Dios por la fe de Jesucristo, para todos los que creen en él...".

Segundo, es vivir una vida recta, haciendo lo correcto, tratando a los demás con amor y justicia. Como dice Romanos 6:13: "...antes presentaos á Dios como vivos de los muertos, y vuestros miembros á Dios por instrumentos de justicia." Cuando nuestro corazón está protegido por estas dos justicias, las "balas" del pecado y la tentación no lo dañan tan fácilmente.


El Calzado de la Paz :

"...y calzados los pies con el apresto del evangelio de paz."

Para el soldado: Unas buenas sandalias con clavos en la suela le daban estabilidad para no resbalar y agilidad para moverse en cualquier terreno.

Para nosotros: Estar "calzados" significa dos cosas:

Tener esa paz interior que viene de estar bien con Dios gracias al evangelio, a las buenas noticias de Jesús Romanos 5:1: "Justificados pues por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo.". Esta paz nos da firmeza, nos ayuda a no tambalearnos cuando las cosas se ponen difíciles, y es la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento Filipenses 4:7.


Estar listos y dispuestos a compartir esas buenas noticias con otros. Llevar el mensaje de paz de Dios a un mundo que tanto lo necesita nos mantiene activos y con propósito.


El Escudo de la Fe:

"Sobre todo, tomando el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno."

Para el soldado: Un escudo grande que lo cubría casi por completo. A veces los mojaban para apagar flechas con fuego.


Para nosotros: La "fe" es esa confianza total en Dios, en que Él es bueno, cumple sus promesas y tiene el control. Este escudo es vital, porque el enemigo nos lanza "dardos de fuego del maligno": pensamientos de duda, miedo, desesperación, tentaciones fuertes, críticas destructivas. La fe es lo que levantamos para decir: "¡No! Yo confío en Dios, y eso apaga tu ataque". Recordemos que "sin fe es imposible agradar á Dios" hebreos 11:6.


El Yelmo de Salud:

"Y tomad el yelmo de salud..."

Para el soldado: El casco le protegía la cabeza, el centro de mando.

Para nosotros: La "salud" aquí es nuestra salvación. Saber que somos salvos, que nuestro futuro eterno está seguro con Dios, ¡eso protege nuestra mente! Así como en 1 Tesalonicenses 5:8 se nos anima a tomar "...por yelmo la esperanza de salud.". Nos libra del miedo al futuro, de la desesperanza. También nos ayuda a pensar como Dios quiere que pensemos Romanos 12:2: "...transformaos por la renovación de vuestro entendimiento...", a no dejar que ideas dañinas o mentiras se apoderen de nuestros pensamientos, sino a poner la mira "en las cosas de arriba" Colosenses 3:2. Una mente protegida es una mente en paz.


La Espada del Espíritu:

"...y la espada del Espíritu; que es la palabra de Dios."

Para el soldado: La espada era su arma para atacar y defenderse de cerca.

Para nosotros: ¡Esta es nuestra única arma ofensiva! Y es súper poderosa: la Palabra de Dios, la Biblia. No se trata solo de saber versículos de memoria, sino de que el Espíritu de Dios nos recuerde y nos ayude a usar la palabra correcta en el momento justo. "Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más penetrante que toda espada de dos filos..." hebreos 4:12. Jesús mismo usó la Palabra para vencer a Satanás en el desierto Mateo 4:4, 7, 10. Conocer y usar la Biblia nos ayuda a cortar las mentiras del enemigo, a defendernos de la tentación y a compartir la verdad con valentía.

 

 El Combustible para la Armadura:

La Oración Constante Efesios 6:18-20

Después de darnos toda esta equipación, Pablo nos dice cómo mantenerla funcionando y cómo mantenernos conectados con el comandante en Jefe: la oración.

"Orando en todo tiempo con toda deprecación y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda instancia y suplicación por todos los santos," Efesios 6:18.

Esto es como el aire que respira el soldado espiritual.


"Orando en todo tiempo": No solo antes de dormir o en la iglesia. Es una actitud de estar conectados con Dios siempre.


"Con toda deprecación y súplica": Hablar con Dios de todo, lo grande y lo pequeño.

"En el Espíritu": Dejando que el Espíritu Santo nos guíe en lo que oramos, pues "...nosotros no sabemos pedir como conviene, más el mismo Espíritu pide por nosotros con gemidos indecibles." Romanos 8:26.


"Velando en ello con toda instancia":

La oración necesita que estemos atentos y que no nos rindamos fácilmente.

"Y suplicación por todos los santos": No solo por nosotros, sino por nuestros hermanos y hermanas en la fe. ¡Todos estamos en esta batalla juntos!

Incluso Pablo, el gran apóstol, pedía oración: "Y por mí, para que me sea dada palabra en la abertura de mi boca con confianza, para hacer notorio el misterio del evangelio, Por el cual soy embajador en cadenas; que con denuedo hable de él, como conviene hablar."

Efesios 6:19-20.


Si él necesitaba oración para hablar de Jesús con valentía, ¡cuánto más nosotros!

Recordemos que hay una lucha real, pero nuestra fuerza viene de Dios.

Pongámonos cada día estas piezas, conscientemente: la verdad, la justicia, la paz, la fe, la salud (salvación) y la Palabra de Dios. No es algo automático, es una decisión diaria.

Y, sobre todo, oremos. La oración nos mantiene conectados, fuertes y alertas.

No estamos solos en esto. Dios está con nosotros, y nos ha dado todo lo que necesitamos. Así que, ¡a vestirnos cada día con su armadura y a vivir con la confianza de que, en Él, somos más que vencedores! Que Dios nos ayude a todos a hacerlo.


"Por lo demás, hermanos míos, confortaos en el Señor, y en la potencia de su fortaleza."




Dios te Bendiga

 
 
 

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